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Estas montañas, cuna de ríos de cristalinas aguas que han excavado profundos cañones en su camino hacia el pueblo, guardan y protegen a manera de concha un doble tesoro: el pueblo y el lago, el mayor de origen glaciar de toda la península, en el que se miran y se prolonga su imagen vertical hacia el fondo con la misma nitidez que se yerguen hacia el cielo; imagen en la que se inspiró Unamuno para reflexionar sobre la fe y la duda, en su novela San Manuel Bueno, mártir.
Gran parte del año en sus cumbres conviven la nieve y el verdor y esto unido al azul intenso y profundo del agua confieren al lugar una luminosidad muy especial e intensa.
En Ribadelago se confunden la vida y la literatura, se entrelazan la historia y la leyenda de tal forma que no es fácil a veces marcar sus límites. Lugar de riquísima literatura popular de tradición oral, las coplas, romances, cuentos y leyendas, anécdotas, historias y vivencias, amenizaron ocio y trabajo y proporcionaron el placer espiritual del arte, a niños y mayores; fueron el principal divertimento en las largas veladas invernales junto al fuego mientras los hombres esculpían y grababan en maderas ricas de roble, castaño, nogal, sanguiño…ruecas u otros útiles, las mujeres hilaban la lana y el lino y tejían prendas para el frío invierno y los niños escuchábamos encantados. Muchas de estas manifestaciones se trasmitían desde la Edad Media y llegaron desde lejanas tierras, aquí se modificaron y adaptaron al dialecto sanabrés, que fue el vehículo de expresión hasta las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX. En los relatos referidos al lago y quizás en otras también, algo tuvieron que ver los monjes del cercano monasterio románico, que trasladaron desde Francia y otros lugares a esta zona, leyendas antiquísimas referidas a otros lagos y a alguna villa llamada Lucerna (como la que existe en Suiza) y las aplicaron a este bello lago que le perteneció durante siglos.
Con todo, aunque los relatos sobre el lago son los más conocidos no son los únicos ni los más numerosos; las montañas, los lobos, (abundantes hasta épocas muy cercanas) el pastoreo, la vida cotidiana de los habitantes y el Romancero fueron los temas que inspiraron este corpus literario.
En su historia guarda Ribadelago muchos acontecimientos alegres y festivos pero también muchos dramáticos, intensos: desgracias, cambios de emplazamientos, olvidos, impuestos altísimos en épocas oscuras de nuestra historia… pero el más doloroso y trágico vino a mediados del siglo XX con el progreso: La tragedia de 1959, producida por la rotura de una presa maldita que una oscura noche de invierno destruyó el pueblo y se llevó 144 vidas, 116 de los cuerpos descansan para siempre en el fondo de ese hermoso lago que esa noche se tiñó de negro oscuro y se convirtió en un lugar sagrado.
Desde entonces en Ribadelago se dejó de cantar y de contar, y se lloró. Los supervivientes asumieron la misión de dar testimonio y recordar a las víctimas, de impedir que esto un día también se convierta en sólo literatura y de reclamar una justicia que aún está pendiente.
Cuando en la lejanía recordamos nuestro pueblo lo vemos como era antes: vemos la Cascalleira con sus aguas cristalinas discurriendo sobre las arenas blanquísimas, La Calella testigo de tantas fiestas, con sus numerosas castaños centenarios, la hermosa pradera del Prao llena de florecillas multicolores con sus lavaderos y las piezas de lino tendidas al sol para blanquear…la Peña Puente donde por la tarde nos reuníamos en gozoso encuentro para esperar los ganados y charlar, y donde los niños resbalábamos alborozados, el artesano puente de madera y el esbelto de hierro…
En esa peña, destruida en parte, se levanta ahora la escultura de Ricardo Flecha que recuerda a las víctimas, y la placa con los 144 nombres.
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